Alburquerque es la capital de mi mundo

Alburquerque es la capital de mi mundo

Vive y deja vivir. Quizá esta frase popular sea una de las que mejor describe al protagonista de nuestra entrevista. Es una de esas personas con las que se descubre el significado de la amistad y el valor de lo que parece insignificante, incluso banal. Alberto Lara es un joven alburquerqueño de 27 años que está a punto de culminar una experiencia de voluntariado de casi un año en Alemania. Siempre ha estado implicado con la vida social de su pueblo, participando activamente en muchos ámbitos con la mejor predisposición, sin pedir nada a cambio.

Hemos querido conocer la historia de este valiente que se fue en busca de nuevas experiencias y que nunca ha olvidado sus raíces. Hoy hablamos con Alberto, aunque a muchos probablemente les suene mejor “amarras”.

¿Cómo surge la idea de irte a Alemania?

Todo vino de la mano de mi hermano Chicho, que me puso en contacto con la organización en la que  estoy realizando el voluntariado. Él me animo a venirme y estoy viviendo una experiencia inolvidable. ¡Gracias Chicho!.

¿Cuál es la duración de un voluntariado de este tipo?

Llevo aquí desde agosto del año pasado, en ese mes nos recibe la organización a todos los voluntarios de los difenrentes paises que participan en el programa, nos introduce en Alemania de la mejor manera posible realizando diferentes actividades, excursiones y un curso intensivo de alemán. Para nosotros es genial, ya que podemos conocer a un montón de voluntarios, al mismo tiempo que aprendes un nuevo idioma. El voluntariado dura un año, aunque lo puedes prolongar otros 6 meses más.

¿Por qué Alemania?

Cualquier lugar es bueno para vivir una nueva aventura y descubrir nuevos horizontes. La  sensación de no saber por qué vas a determinados lugares y acaban formando parte de tu vida para siempre, es indescriptible. También he de decir que Alemania esta en una situación económica favorable, y ofrece pocos quebraderos de cabeza a la hora de irse.

La sensación de no saber por qué vas a determinados lugares y acaban formando parte de tu vida para siempre, es indescriptible.

No hay nada mejor que visitar un país para poder formar opiniones libres de prejuicios. ¿Cómo definirías Alemania?

El clima es mucho más frio, temperaturas bajo cero, todo cubierto de nieve, abrigos, bufandas, guantes, gorros y botas. A veces, salir a la calle en invierno puede ser una odisea o una bonita postal navideña, según se mire.  El termómetro puede hacer un símil con la personalidad fría de los alemanes. A pesar de ello, he de decir que siempre están dispuestos a ayudar en lo posible.

Otra diferencia es que aprecian más la soledad, les gusta pasear, leer libros en los parques, dar una vuelta en bicicleta, ir a bibliotecas, teatros o bares  sin la necesidad de estar acompañados.  Son organizados y puntuales. No dejan mucho margen a la improvisación, casi todo esta programado. Son muy educados y concienciados con la sociedad y el entorno. El reciclaje está a la orden del día.  Por los envases te dan una cantidad de dinero para garantizar que ese recipiente no se tire en cualquier lugar.

El alemán puede parecer uno de los idiomas más complejos para los españoles. ¿Cómo lidias con él?

Partí de cero. Mi comunicación durante los primeros meses se reducía a simples saludos y gestos. En un idioma en el que las palabras son tan largas que pueden medirse en metros y la gente habla con la garganta, a veces te sientes como un extraterrestre. A medida que vas avanzando, tu oído se acostumbra a los sonidos, crece tu motivación y puedes llegar a mantener conversaciones.

¿Dónde trabajas?

Trabajo en un bloque de pisos para  discapacitados aunque a mi me gusta llamarles personas mágicas. Con una sonrisa, te alegran el día. Durante mi jornada laboral les ayudo y asisto en todo lo que puedo.

Me gusta llamarles personas mágicas. Con una sonrisa, te alegran el día.

¿Qué haces en tu tiempo libre?

Mi tiempo libre lo dedico a aprender alemán, a salir con los amigos, leer, hacer deporte, ir al cine , visitar a otros voluntarios y  viajar.

Peor y Mejor momento.

Mi peor momento fue cuando tuve que volver en navidades a Alemania.  Trabajaba el día de nochevieja por la mañana. Recuerdo que en el aeropuerto, antes de partir, se me pasó por al cabeza coger un autobús y volver a casa para disfrutar como siempre, en familia, llamar a la TDA y salir con los amigos de toda la vida.

En cuanto a mi mejor momento, he de decir que ha habido muchos y me cuesta quedarme con uno, aunque, ya que estamos, sigo con las navidades. El dia 5 de enero, vísperas de reyes, estaba un poco nostálgico porque es un día que me encanta  y aquí en Alemania se vive diferente. Por eso escribí algo en Facebook para vivir ese día desde la distancia. Al momento recibí algunos mensajes de familiares y amigos con los que mi animo volaba. Algo me decía que el 6 de enero no me quedaría sin regalo. Yo confiaba en los reyes desde pequeño y sabía que su magia llegaría. El dia de Los Reyes Magos me levante como siempre,me dirigí al trabajo, realicé mis tareas cotidianas sin novedad.  Sobre las 2 de la tarde la casa se llenó de gente con todo tipo de tartas y dulces.  Era el cumpleaños de una discapacitada. Celebramos el cumpleaños a bombo y platillo. Tras la celebración se acercó a mi el padre de una persona mágica para darme un regalo que nunca olvidaré.

¿Qué será lo primero que hagas cuando llegues a casa?

Dar un abrazo a mi familia.  Sentarnos alrededor de una mesa con jamón, chorizo, lomo y pan de pueblo. Estos placeres no se pueden disfrutar en cualquier sitio. Nos contaremos anécdotas durante horas.

¿Qué echas de menos de Alburquerque?

En primer lugar a mi familia, ir al campo con mi padre, jugar con mis sobrinos, charlar con mis hermanas, animar a las catecorías inferiores del CPA y la comida de mamá aunque he de reconocer que sigo sus dietas gracias a Internet. Echo mucho de menos a mis amigos. No sé qué sería de mí sin esas tardes en alguna terraza del pueblo, tomando algo, lanzando bromas envenenadas que hacen sonreír al más serio y sonrojan al más atrevido. Echo de menos bañarme en la junta, jugar al póker y ver ensayar a Supertennis.

Son esas pequeñas cosas, las que convierten a Alburquerque en la capital de mi mundo, donde quiera que esté.

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