Crímenes que convulsionaron a la villa de Alburquerque 1/3

Crímenes que convulsionaron a la villa de Alburquerque 1/3

Esimados amigos: es todo un honor el poder de nuevo compartir con todos ustedes, historias de Alburquerque, que en su día, tuvieron la importancia que requirieron los hechos. Espero que esta nueva andadura en vuestra magnífica revista, sirva, culturalmente hablando, de foco literario para desarrollar en papel y digital, crónicas que no dejaran indiferente a nadie.

Comenzamos en este primer capítulo escribiendo, historias de crímenes que convulsionaron a la villa de Alburquerque y alrededores. Tema apasionante y conmovedor, donde la indiferencia o aburrimiento no tendrán espacio para desarrollar sus cometidos e incumbencia.

Para la mayoría de la gente, la familia está llamada a ser el núcleo básico de la sociedad o un “nido de amor”. Sin embargo, a veces, la realidad contradice violentamente esos enunciados.

Veamos los hechos que ocurrieron en Alburquerque el día 31 de agosto del año 1895, un crimen inesperado, como la inmensa mayoría de los sucedidos, y que mantuvo a la villa completamente estremecida y conmocionada por los hechos que sucedieron. Los tres asesinatos están sacados de hemerotecas de prensa nacional, donde aparecen claramente descritos y contados, los infaustos y nefandos sucesos que convulsionaron a los vecinos de Alburquerque y pueblos de alrededor.

31 de agosto del año 1895. Crimen Familiar En Alburquerque

En Alburquerque, el día 20 del actual, hallábanse dos hermanos guardando un rebaño de ovejas, el mayor tenía 17 años y el menor 11, no se sabe por qué, el mayor disparó un tiro sobre el pequeño dejándole muerto en el acto. El hermano mayor cogió el cadáver y lo arrastro hasta sitio bien oculto, intentando con ello que el crimen no se descubriese. Poco tiempo después, llegó el padre de ambos y preguntó al fraticida por su hermano, respondiendo el asesino, que no sabía nada de su hermano. El padre comenzó con desesperación a buscarle.

Así pasaron tres días, hasta que el criminal, arrepentido de su bárbara obra, declaró el hecho y el lugar donde había dejado el cadáver de su hermano de 11 años. Fueron allá, y efectivamente, el pobre pastorcillo, estaba allí, en estado de descomposición y horriblemente mutilado por las aves de rapiña que cayeron sobre él y que al tardar un día más, estas hubieran acabado y dado fin a su cuerpo. El criminal se halla convicto y confeso en la cárcel de Alburquerque. [1]

Caín mató a su hermano Abel y lo sucedido en este primer crimen de Alburquerque, nos  recuerda, lo que aconteció con los hermanos judíos de la Biblia y que el libro del Génesis nos cuenta con todo detalle. El nombre correcto de este tipo de asesinatos se conoce como fratricidio.

El siguiente crimen a contar, sucedió a consecuencia de unos hechos insignificantes que sirvieron, para que el homicida, llevara a cabo su propósito. Todo sucedió en un baile.

El crimen del baile

22 de octubre de 1898. Hace tres días se cometió en Alburquerque un homicidio. Según nuestras noticias, en una boda efectuada en aquella localidad en la primera decena del corriente mes, hubo una cuestión entre el homicida y el interfecto, porque el primero no quería salir de la sala en la que se festejó el baile, a pesar de las excitaciones del segundo, quién alegaba que siendo pequeña la habitación, era preciso establecer un turno entre los que querían bailar, para que todos participasen de la fiesta.

Entonces el homicida, juró por lo visto, tomar venganza del interfecto y por desgracia llevó a cabo su juramento. Se situó con tal fin en un sitio por donde tenía que pasar la victima y le asestó una terrible puñalada que le privó de la vida en pocas horas. [2]

Crimen absurdo por un hecho, aparentemente irrelevante, pero que sirvió de acicate y estímulo para que el asesino lo ejecutase con premeditación y alevosía.

El crimen que conoceremos a continuación, es un hecho execrable y maldito que perturbó y turbó la mente de los habitantes de Alburquerque. La fatalidad de una joven de 24 años de Villar del Rey, fue el cohabitar en la misma casa del agresor y criminal casado con una mujer de Alburquerque. Los hechos ocurridos fueron estremecedores y escalofriantes, al menos, así lo narra, el documento de prensa salido el 6 de junio de 1926 en los diferentes diarios extremeños y nacionales.

El Crimen de la Calle Espronceda de Badajoz

El procesado Antonio Painho Caldera, mayor de edad, casado y sin antecedentes penales, vivía en el número 3 de la calle Espronceda de esta capital, en la que también vivía como inquilina, la joven de 24 años Francisca Durán Pizarro, casada y de intachable conducta, cuyo marido estaba ausente en Mérida hacía unos días, como también lo estaba en Alburquerque la familia del Antonio.

En la mañana del 5 de junio de 1926, aprovechando aquellas circunstancias y la momentánea ausencia de los demás inquilinos, concibió el propósito de cohabitar con Francisca, de grado o por fuerza, para lo cual cerró la puerta de la calle. Provisto de un cincel de acero de unos 40cm de largo y un cuchillo lanza de cortas dimensiones, de punta fina y doble filo cortante que guardaba en un bolsillo, subió al piso principal donde estaba Francisca preparando su comida en la cocina, que era común para todos los inquilinos,  dejando sobre una mesa el cincel que llevaba visible como arma.

Después de una discusión que tuvieron sobre quién habría de utilizar primero la hornilla, comprendiendo el procesado que no podía conseguir de grado sus torpes y deshonestos deseos, y dispuesto a lograrlo a cualquier precio, agarró el cincel y aprovechando un momento en que Francisca, atareada en la hornilla, le devolvía la espalda completamente desprevenida y sin medio alguno para defenderse, la acometió rápidamente, asestándole varios golpes consecutivos en la cabeza, que le causaron fuertes contusiones  y perdida del conocimiento.

Entonces la arrastró Painho a una habitación contigua, y atándole las manos para asegurar su impunidad, cohabitó con ella. Seguidamente la Francisca recobró el sentido, dándose cuenta del atropello, y el procesado, para evitar su delación, sacó el cuchillo que guardaba y estando a cubierto de todo peligro por la completa indefensión de la víctima, que yacía inerme en el suelo, con las manos atadas, le infirió tres heridas en el cuello; una de las cuales seccionó las yugulares anteriores, dividió la laringe impidiéndole hablar, y cortó las arterias tiroideas superiores, causándole también otra en el lado derecho del tórax, que lesionó el pulmón, produciéndole la muerte por hemorragia.

Al dar muerte a Francisca que estaba embarazada, cosa que le constaba al Painho, ocasionó este también la muerte del feto que llevaba seis meses de vida intrauterina. Finalmente el procesado, utilizando el mismo cuchillo, con propósitos desconocidos, destrozó y mutiló por completo el cuerpo inanimado de Francisca, abriéndole el tronco desde la garganta al pubis, sacando las vísceras intestinales. Hendió el útero, del que extrajo el feto arrojándolo a un lado, destruyendo los órganos genitales y seccionando y separando todo los músculos y partes blandas de la cadera y muslo derecho.

La mujer asesinada, Francisca Durán Pizarro, era una agraciada joven de excelente conducta, había nacido en Villar del Rey el 21 de diciembre del año 1900, contando, como hemos indicado con 24 años de edad. Recordaban los vecinos, que hace poco tiempo la víctima prestó asistencia con gran solicitud, en un parto a la mujer de Antonio Painho.

La mujer de Antonio Painho es natural de Alburquerque en donde reside su familia. Hace algún tiempo se había trasladado a aquel pueblo en compañía de sus dos hijos, los cuales padecían tos ferina, e iba allí con el objeto de atender a la curación de ellos, cumpliendo así la prescripción facultativa.

El día en que ocurrió el crimen, la mujer de Antonio no había regresado todavía al domicilio conyugal.

Estimados amigos: saquen sus propias conclusiones.

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[1] La Región Extremeña: diario republicano año XXXII. Número 3032.

[2] Ibíd. Año XXV. Número 3913

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