Crímenes que convulsionaron a la villa de Alburquerque 2/3

Crímenes que convulsionaron a la villa de Alburquerque 2/3

En nuestro anterior artículo sobre crímenes acaecidos en Aburquerque, dimos a conocer tres casos, que sin duda alguna, sirvieron de trágicos comentarios, durante los descubrimientos de los mismos. En este segundo apartado donde las noticias a contar son de la misma naturaleza y cualidad, nos vuelven a sorprender de forma calamitosa y siniestra, nuevos acaecimientos, que volvieron a sacudir y alborotar de forma penosa y triste, las almas de los humildes y respetuosos vecinos de Alburquerque.

El primer acontecimiento a contar se produce el año 1898, siendo la infeliz asesinada, una pobre y desvalida mendiga de la población, que de forma cruenta le fue quitada la vida por alguien cercano a su línea familiar. El caso no tiene desperdicios. La sorpresa final conmocionará y de qué manera, no solo a los habitantes del núcleo poblacional, sino también, al causante de la muerte por sentirse descubierto dieciséis años después del asesinato y, al propio inocente condenado, quién tuvo que sufrir en sus carnes el estigma y el calvario de un crimen, que no había cometido.

Un condenado inocente

En el pueblo de Alburquerque en el año 1898 se encontró asesinada y oculta entre unas piedras a una anciana mendiga llamada Teodora. El jurado condenó a doce años a Sabas Moro como presunto asesino. Sabas cumplió la condena. Ahora resulta inocente, pues ha sido denunciado Julián López, yerno de la victima. El denunciante que presenció el crimen se apoda “Fraile” y tenía entonces doce años. Manifiesta que no dijo nada por temor a una venganza. El criminal lo niega. Según últimas noticias, el yerno de Teodora quiso robarle a su suegra los pocos ahorros que tenía. Este horrible y espantoso crimen se contó así en su momento:

El Error Judicial

En este gobierno se recibió en el día de ayer una comunicación de la Guardia Civil de Alburquerque, donde se daba cuenta de cómo las autoridades del mencionado pueblo, vinieron en conocimiento de que un crimen cometido en el año de 1895, del cual aparecía como autor un hortelano llamado Sabas Moro, hubo de tener otro autor bien distinto al que hasta ahora se creía y que es el mencionado hortelano. El expresado oficio que a este Gobierno envía la Guardia Civil del puesto de Alburquerque, dice que un mismo vecino del mismo pueblo apodado “El Fraile”, se ha declarado testigo presencial del crimen cometido el dicho año de 1895, en la persona de la anciana Teodora. “El Fraile” refiere el hecho de la siguiente forma:

El día que el crimen se cometió, se hallaba en el sitio llamado “La Pintiera”, guardando tres cabezas de ganado cabrio, cuando llegó hasta él la anciana Teodora, que acostumbraba a salir al campo a buscar hierbas para unos bichos que tenía en su corral, parándose a coger forraje, como a unos cincuenta pasos de distancia. Poco tiempo llevaba la infeliz Teodora arrancando o cortando hierbas, cuando llegó su hijo político, Julián López Sama, el cual le dijo que le diera la llave de la casa donde ella vivía. A este requerimiento, la suegra del Julián le contestó, que era un pillo y un tuno y que quería la llave de su casa para robarla. Enseguida se entabló entre suegra y yerno una  disputa, exasperándose éste y dándole un garrotazo en la cabeza que la hizo caer al suelo, muerta seguramente. Entonces el Julián cogió en brazos a su suegra y la transportó a una zanja donde la depositó y cubrió su cuerpo con ramas de encina, echándole después algunas piedras. Al darse cuenta el autor del crimen de que la escena había sido presenciada por “El Fraile”, en esos momentos niño de doce años, amenazó a éste otro tanto si daba cuenta a las autoridades, cuyo temor le ha hecho permanecer en silencio hasta ahora. Ante las autoridades, Julián López reconoce, que el día anterior en que la anciana fue hallada en la zanja, estuvo en el sitio “La Pintiera” guardando ganado y que también “El Fraile” se hallaba allí dedicado a igual misión, pero niega haber visto por allí a su difunta suegra y ser el autor del crimen. Julio López Sama ha sido puesto a disposición del Juzgado, como presunto autor del crimen cometido en la persona de su suegra y, el cual, aunque sin pruebas, se imputaba al hortelano Sabas Moro. Al cabo de dieciséis años, parece que viene a esclarecerse, para que el criminal purgue su delito y al inocente acusado, le sea reivindicada su honradez y habilitación, ante la sociedad de Alburquerque. [1]

¿Suicidio u Homicidio?

Nuestro siguiente episodio a contar, tiene los matices de un homicidio entre dos hombres cuyos lazos de amistad deja entrever un cierto aire, siempre según el documento, de íntimas relaciones de amores prohibidos, que la justicia de Alburquerque subrayará en otros términos. Los hechos narrados por el periódico de la época nos trasmiten, que el nefasto acontecimiento ocurrió en una finca que se encuentra entre San Vicente de Alcántara y Alburquerque, espacio donde se desarrolló el tan sonado delito. Esto cuenta el Diario Universal de Noticias de fecha 13 de septiembre del año 1908.

13 de septiembre de 1908

Volvía esta tarde un obrero de trabajar en un campo de melones situado entre este pueblo y el vecino de Alburquerque, cuando al llegar a una finca denominada Fuente Mariani, se encontró con el desagradable espectáculo de un hombre que yacía en tierra sobre un gran charco de sangre. Muy impresionado por el descubrimiento, aceleró la marcha para dar cuenta a las autoridades de lo que ocurría. Personadas estas después en el lugar mencionado, comenzaron las indagaciones para averiguar si se trataba de un suicidio, como parecía en los primeros instantes, o de una muerte violenta, realizada por otra persona, como parecen dar a entender detalles posteriormente observados. El cadáver, que aparecía a uno de los lados del camino, era el de un joven de unos diecinueve años, también obrero agrícola. Observó el médico, que acudió con el Juzgado, que el infeliz tenía casi destrozado el corazón de una terrible perdigonada. El disparo de la escopeta debió ser hecho a boca jarro, si se considera que hasta el taco apareció dentro de la herida. El cadáver se hallaba tendido en un sombraje. Junto a él, una tercerola cuyo cañón llevaba la dirección del cadáver. Desde el pie hasta el gatillo, una cuerda tirante; pero con la particularidad de que ni en el arma había cartucho alguno, ni el gatillo estaba caído.  Parece ser, teniendo en cuenta los importantes detalles referidos, que el autor de la muerte del joven obrero se propuso despistar a la justicia con el empleo de tan burda trama, dispuesta para que desde luego, se creyese, que se trataba de un suicidio. Lo cierto es, que hay indicios más que sobrados para sospechar, que al menos se trata de un homicidio, sino alcanza de asesinato que todo pudiera ser. El Juzgado de Instrucción de Alburquerque y el teniente de la Guardia Civil de la línea, fueron los primeros que se presentaron en el lugar del suceso y, sin perder tiempo, comenzaron las actuaciones. Se procedió al levantamiento del cadáver, que ha sido trasladado hasta Alburquerque, donde se practicará las diligencias de autopsia y recibirá sepultura. En el mismo pueblo de Alburquerque, poco después de regresar el Juzgado y el referido oficial de la benemérita, fue reducido a prisión otro joven, también obrero del campo, sobre quién recaía sospechas, no obstante, “por ser amigo de la mayor intimidad del muerto”.

Dícese que el detenido, sobre el que pesa absoluta incomunicación, á las reiteradas preguntas del juez, acabó por contestar, que era el autor de los hechos, añadiendo, que no lo había cometido voluntariamente sino que una fatalidad lo determinó. La explicación, que según me aseguran da el detenido, es como sigue:

Estaba mi amigo durmiendo la siesta en el sombraje. Le llamé para comer y no respondía. Tan pesado era su sueño para conseguir despertarle, que agarré una escopeta que allí cerca estaba colgada, la cual supuse que estaba descargada y empecé a darle suavemente con el cañón. Mi mala fortuna hizo, que el gatillo que andaba muy flojo disparase el arma, al ver que le había matado, prendí la fuga, no sin antes, colocar el cadáver en disposición de que el juez creyera, que se trataba de un suicidio. El muerto era huérfano y por caridad lo había recogido el guarda de la finca. Gran impresión ha causado en Alburquerque por sus circunstancias. [2]

Saquen, queridos amigos, sus propias conclusiones. Sean felices e ilustrados.


[1] Correo de la mañana. Número 61, 28 de abril de 1814.

[2] La correspondencia de España: diario universal de noticias. Número  18477-13 de septiembre de 1908.

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