Crímenes que convulsionaron la Villa de Alburquerque 3/3

Crímenes que convulsionaron la Villa de Alburquerque 3/3

Los Crímenes de María Baldón Hernández

En nuestros dos anteriores artículos, el mundo del crimen formó y vertebró el eje central de los mismos, con negros sucesos, que convulsionaron a la villa de Alburquerque durante años. El tema que presento a continuación sigue en la misma línea que las anteriores crónicas, pero con un pequeño matiz. Si la prensa de la época fue la protagonista contando las mencionadas circunstancias criminalísticas, en el crimen que a continuación presentamos, el verdadero protagonista será un hombre invidente y ciego, cuya forma de ganarse la vida consistía, en ir por los pueblos contando hechos como el que nos ocupa: eran los llamados ciegos del cordel.

Los llamados “Romances de Ciego” son composiciones en verso, que no necesariamente responden al modelo literario del romance. Generalmente son de autor anónimo y versan sobre relatos de hechos más bien recientes y localizados, que impresionaron a las gentes por su dramatismo o truculencia, o por su desenlace trágico.

Durante el siglo XVIII, comenzó a hacerse frecuente en calles y plazas la figura del ciego coplero que, a cambio de unas monedas, relataba a las gentes el horroroso crimen de Don Benito o los aciagos amoríos de una humilde costurera. Para ilustrar su historia, el ciego llevaba a veces un cartelón con viñetas que, a manera de secuencias mudas pero más que expresivas, iban mostrando las acciones de los personajes, como si fuese un verdadero periodista de la época. Los oyentes se arremolinaban en torno al coplero, pedían que se repitiese el romance para intentar memorizar el relato y, los más pudientes, compraban por unos reales el plieguecillo con los versos impresos. Suceso que guardaban con mimo, hasta que la memoria a fuerza de repetir, perpetuaba para siempre la copla.

Para ilustrar su historia, el ciego llevaba a veces un cartelón con viñetas que, a manera de secuencias mudas pero más que expresivas, iban mostrando las acciones de los personajes, casi como un cinematógrafo inmóvil y rudimentario.

Hasta después la Guerra Civil, la voz ronca y monótona del invidente coplero, encantó los oídos de niños y grandes, sugiriendo los misterios y sucesos curiosos o extravagantes, pero de seguro ciertos, porque así lo decía el romance, que atestiguaba sin tapujos el lugar y la condición de protagonistas y sucesos.

[blockquote style=”1″]Hasta después la Guerra Civil, la voz ronca y monótona del invidente coplero, encantó los oídos de niños y grandes.[/blockquote]

En Alburquerque, con fecha 29 de abril del año 1909, una terrible sentencia se va a dictaminar contra una vecina de la villa. Lo ocurrido fue espantoso y tan apocalíptico para el pueblo, que el suceso se escribió en romance para que toda España lo conociera. Los ciegos, que se enteraron del crimen, rápidamente estuvieron prestos para intentar conseguir los versos del suceso y poderlos dar a conocer por todo el país. Lo que viene a continuación es estremecedor y espeluznante.

Nuevo y verdadero ejemplar que manifiesta el crimen cometido por María Baldó Hernández, la cual sacrificó a sus tres hijos ignominiosamente.

Crímenes hay en la tierra,
Virgen Santa del Carmelo,
que estremece el corazón
de los seres más perversos.

Hay criaturas desgraciadas
que compadecer debemos
porque con fieros instintos
para delinquir nacieron.

En la historia que relato
aparece uno de aquellos
cuyos crímenes espantan
en nuestros pasados tiempos.

La capital de Badajoz
aplaudida y celebrada,
en su provincia hay un pueblo
el cual Alburquerque se llama.

Donde María Baldó
pues fue nacida y criada,
de veinte años se casó,
en Villar del Rey fue avecinada.

El cielo le dio tres hijos,
los mismos que ella criaba
con esmerado recato,
muy queridos en su casa.

Estando en este sosiego
le ha arrebatado la parca
al pobre de su marido,
aquí mi pluma se para.

Se aturde mi pensamiento,
se enmudecen mis palabras
al tener que referir
la crueldad más inhumana
que rezan en  nuestros anales
ni en la historia se hallan,
ni habrán visto los nacidos
desde que España es España.

Esta María Baldó,
de la misma que se trata,
se enamoró de un casado
para su mayor desgracia,
y vean lo que acarrea
una vida depravada,
ante dos enamorados
con su vida relajada,
seguían sus relaciones
con aflicción extremada.

El enemigo cruel
que de dar vueltas no para,
tendió sus redes malignas
y originó esta desgracia.
En uno de aquellos días
que María fue por agua,
se ha encontrado una vecina
la cual Josefa se llama.

Dándole las buenas tardes
le declara estas palabras:
-Antonio me dijo ayer
que muy de veras te ama,
y si no tuvieras hijos,
mucho mejor lo pasaras,
se juntaría contigo
y a su mujer la dejara.

Aquí comenzó María
a cavilar con qué maña
daría muerte a sus tres hijos
sin que nadie se enterara.

Aquí madres de familia,
las que con fuerza extremada
adoran tanto sus hijos,
escuchad en esta plana.

Que hasta el reptil venenoso
que en su caverna se halla,
por alimentar a sus hijos
se desalienta y se mata.

Y esta María Baldó,
siendo racional y humana,
por el amor al querido
fue su sangre devorada.

Cogiendo al niño pequeño
una muy fresca mañana
con halagos amorosos
de su casa lo sacaba.

Con dirección hacia el río
que Guadiana se le llama,
la inocente criatura
a su madre suplicaba.

Decía le diera pan,
la misma que contestaba:
-Ahora te voy a dar
Que jamás tendrás ya ganas.

En esto llegar al río
por la mano lo tomaba,
-Aquí mueres inocente,
sin tener culpa de nada.

Y sin otras cosas más
arrojó al niño a la balsa.
Se volvió para su casa
contenta como unas pascuas,
meditando nuevamente
matar los dos que quedaban.

Al otro niño mediano
diariamente lo encerraba
en la cuadra con los cerdos
para que lo devoraran.

Pero la majestad suprema,
la que de todo se encarga,
no permitió ni así quiso
que al niño molestara.

Pero la villana madre
a su hijo le pegaba
con un palo en la cabeza
que difunto lo dejaba.

Al momento lo enterró
en el corral de su casa
en un montón de basura,
y con ella lo tapaba.

¿Habrá madre más infame?
¿Habrá madre más villana?
Ni las fieras campesinas
cometen tales hazañas.

Así pasó algunos días
y los vecinos notaban
la falta de aquellos niños
que por el pueblo no andaban.

Pero nadie se creía,
y ninguno sospechaba
en el grande sacrificio
que esa infame ejecutaba.

Otro niño de seis años,
último que le quedaba,
en compañía del querido
se salieron de su casa.

Con dirección a la Rambla,
tras el Calvario se halla,
muy capaz, para ocultar
el proyecto que formaba
con ese inocente niño
que en su compañía llevaba.

Jugando por el camino,
como cosa de la infancia,
llegaron por fin al sitio
estas almas tan malvadas.

Con su pequeño escardillo
estuvo haciendo la zanja;
coge la madre a su hijo,
de pies y manos le ata.

Y aquel inocente niño
lamentándose exclamaba:
-Madre, qué va usted a hacer,
por qué las manos me ata,
ya sabe usted que soy bueno,
hago lo que usted me manda.

Sin tocarle el corazón
del niño con estas palabras
allí lo enterraron vivo,
¡quién vio acción tan inhumana!
Y en otra segunda parte
daremos fin a esta plana.

DESCUBRIMIENTO DEL CRIMEN

Segunda parte

Se marcharon para el pueblo
declarando estas palabras:

-Ya estamos solos y libres
ya no hay quien lo impida.

Gozaremos nuestro amor
con la libertad sobrada,
pero sabemos que Dios
nunca quiere ocultar nada.

Dispuso se descubriera
y le sentencia la Sala
para educación y ejemplo
de la creación humana.

A los ocho días del caso,
miércoles por la mañana,
una nube se formó
la misma que derramaba
la lluvia sobre la tierra
con una fuerza extremada
hasta tanto que descubrió
el sitio en que el niño estaba.

Pasó un pastor por allí
y al punto se aproximaba,
pero cuando vio la cabeza
de aquella criatura humana
se fue al pueblo al momento
y dio cuenta de lo que pasaba.

Reunida la autoridad
con dos parejas de guardias
detrás del acusador
se dirigieron a la Rambla
que está detrás del Calvario.

Llegan al sitio y se pasman,
han sacado una criatura;
según el juez ordenaba
se lo llevaron al pueblo
donde fue depositada.

Como el vulgo de la gente
ya hacía días que notaba
la falta de aquellos niños
que por perdidos se daban.

Sospecharon desde luego
que María se encontraba
llorando por sus tres hijos
para que nadie la culpara.

El juez la mandó prender
y a la cárcel la llevaron
la toman declaración
y ninguna comprobaba.

La hicieron tener su hijo
mientras que la retrataban,
hasta que por último ella
confesó la verdad clara
diciendo las ignominias
que ya arriba se delatan.

El juez la mandó encerrar
y de hierro la cargaban,
y formaron la sumaria
y han levantado la causa,
que sufra garrote vil
en una pública plaza.

El tal Antonio Contreras,
por ser cómplice en el delito,
ha salido sentenciado
a veinte años de presidio.

-En este lóbrego calabozo
entre cadenas y grillos
me condenan los fiscales
a veinte años de presidio.

Esto se me emplea bien
con la vida no pagaba
sólo por meterme yo
en cosas que no me importaban.

Cuando supo mi mujer
los pasos que yo tenía,
la infeliz me aconsejaba
y yo menos la quería.

Cuando me hallaba engreído
con Josefa y con María,
abandoné a mi mujer
ni a mis hijos los quería.

Muchos nos aconsejaban
tanto a mí como a María
nuestra gran perdición
y nuestra cosa perdida.

Todo esto nos buscó
Josefa Gómez Murillo.
María subió al cadalso
y yo moriré en presidio.

A los casados encargo
que me tengan en memoria;
que vivan con sus mujeres
y no se emboben en otras.

Igualmente a las mujeres
que vivan con sus maridos
y siempre tengan presente
lo que a mí me ha sucedido.

La sacan del calabozo
para meterla en capilla,
delante de un crucifijo
se ha postrado de rodillas.

¡Oh, gran Dios del alto cielo!
-de esta manera decía-
por llevarme de un consejo
me encuentro en esta capilla.

Devoré mi propia sangre
y me veo aborrecida
de Dios y de todo el mundo
y aun de mi misma familia.

No hay mujer más fementida,
nadie me tenga dolor,
la madre que mata un hijo
no tiene perdón de Dios.

Las siete acaban de dar
en el reloj, lance fuerte,
esto me anuncia la muerte,
corazón no hay que temblar.

Para pagar mi delito,
pues la muerte no la siento,
a vista de todo el mundo
para que sirva de escarmiento.

Puesta en cruz y arrodillada
meditando en mi agonía,
perdonadme, padre mío,
pues me encuentro arrepentida.

Ya han tocado las ocho,
al patíbulo la sacan
y puesta al lado de la argolla
en altas voces gritaba:

-Mirad, madres de familia,
recordad bien mi desgracia,
no llevarse de consejos
ni hacerse caso de nada.

Perdonadme, hermanos
que ya la hora es llegada,
y rezadme un padrenuestro
por la salvación de mi alma.

Al decir su único hijo,
al tornillo le dan vuelta,
María quedó cadáver,
el Señor la tenga en cuenta.

Ahora pidamos a Dios
y a la majestad sagrada
nos libre de un mal pensamiento
y una hora tan menguada.

Efectuada la sentencia
el 29 de abril de 1909.

Saquen sus propias conclusiones. Sean felices e ilustraros.

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