El fraile lascivo de Alburquerque

El fraile lascivo de Alburquerque

La solicitación es el delito cometido por el sacerdote católico que, aprovechando la intimidad que impone la confesión, requiere sexualmente a una feligresa o realiza tocamientos deshonestos. Su persecución era competencia de los obispos, pero en España a partir de 1561 entró en el ámbito de la Inquisición española.

En principio el problema de solucionar tal delito recaía en las diócesis, pero tras el citado concilio y en vista del desmadre, la Iglesia decidió combatirlo de manera más resuelta. En primer lugar se creó el confesionario, un mueble inventado para evitar que confesor y penitente se metieran mano. Hasta ese momento el sacramento se realizaba sin ninguna barrera física, buscando un lugar reservado y discreto para entrar en intimidad. Y claro, celibato obligado, desnudo emocional de la penitente, figura de prestigio y labia del sacerdote… En fin, que surgía la chispa. Muchas de esas relaciones eran consentidas: concubinas, amas y sobrinas siempre rodearon a los clérigos. Aunque no se nos tiene que escapar la innegable posición de autoridad del clérigo con respecto a las confesantes que borra en muchos casos la frontera del consentimiento libre.

La otra medida para atajar el problema fue que la Inquisición se encargara del asunto. A partir de 1559 será el Santo Oficio el encargado de perseguir y juzgar a los clérigos solicitantes y gracias a eso nos ha quedado más de un millar de documentos sobre el tema. Ese afán documental nos deja todo tipo de detalles, como el cortejo a base de dulces, regalos e incluso dinero del religioso a cambio de los favores sexuales, además de describir con pelos y señales hasta el más mínimo detalle del acto. Aparte del posible deleite -no lo descartemos- dicho detalle era importante para tarifar las penas, que no era lo mismo tocamientos torpes que pura coyunda, dónde va a parar.

Hay que tener en cuenta que para una mujer en aquella época era terriblemente complicado denunciar a alguien del prestigio e influencia de un religioso. Así que su mejor opción era intentar esquivarlo discretamente. Además, es un delito difícil de probar. Para que el Santo Oficio no tuviera dudas exigía como mínimo dos denuncias sobre el mismo hecho, cuando la naturaleza privada del delito hacía que lo normal fuera la palabra de la víctima contra la del supuesto agresor.

Así que el trabajo inquisitorial en estos casos empezaba por la investigación de la víctima a través de los llamados familiares del Santo Oficio, una red de espías que informaban a la Inquisición de todo lo que pasaba en su comunidad. Se encargaba a estos familiares que dieran fe de si la denunciante era honesta y de buena familia, con lo que se empezaba juzgándola a ella. Si no pasaba la prueba ya podía decir misa y dar todo tipo de detalles, su testimonio no tenía ninguna credibilidad para el tribunal. Lo que hacía que las mujeres “de mala fama” estuvieran expuestas a los abusos, sin remedio legal.

El caso que damos a conocer a continuación, es el de un fraile franciscano que formaba parte de la comunidad del convento de San Francisco de Alburquerque: un clérigo, que no tuvo más remedio que sucumbir ante la Inquisición de Llerena por su manifiesta lascivia en el confesionario. Las víctimas, fueron varias mujeres vecinas de la villa, que se vieron acosadas por Fray Juan de Santa Ana. El documento inquisitorial cuenta lo siguiente de este hombre al servicio de Dios, que no pudo reprimir sus instintos naturales y, sucedió lo que tenía que suceder. Los hechos ocurrieron en 1568.

Fray Juan de Santa Ana, fraile descalzo y guardián de su monasterio de Alburquerque, de 51 años de edad, natural de la villa de Lobón. Este reo fue testificado por dos mujeres hermanas, que en el acto de la confesión y próximamente a él, las había solicitado con tocamientos y palabras deshonestas. Con esta testificación, fue mandado parecer, y en la primera audiencia que con el se tuvo, negó los hechos y, en las siguientes acusaciones y publicaciones de su causa, confesó las palabras y tocamientos que había hecho a las dos hermanas. También confesó haber tenido las mismas palabras y tocamientos con otras ocho mujeres de Alburquerque, aunque siempre negó que no lo había hecho durante la confesión; que lo había desarrollado en el confesionario pero sin está practicando la confesión, ya que de esta manera pasaba desapercibido ante algunos fieles que se encontraban en la iglesia. Cuando se le preguntó a las ocho mujeres por los acontecimientos que contaba el fraile, estas negaron los hechos, quedando solo las denuncias de las dos hermanas.

Se le leyó su sentencia delante de 8 confesores de diferentes ordenes y parroquias, fuese gravemente reprendido, abjurase de levi, y fuese privado de confesar mujeres perpetuamente y estuviese recluso en un monasterio de su orden que le fuese señalado por tiempo de un año y sea privado de voto activo y pasivo; y que por diez años, no pudiese vivir en la ciudad de Plasencia y villa de Alburquerque. También se le castigó, a que fuese el último de los sacerdotes en coro y refectorio. [1]

La psicología señala que la represión de los instintos sexuales produce neurosis. La Iglesia medieval lo comprendió y toleraba que los clérigos mantuvieran concubinas y barraganas y, más adelante, como ya hemos indicado, amas y sobrinas. La historia está empedrada de papas incestuosos o adúlteros, cardenales rijosos, abades prostibularios y frailes lascivos. En fin, esperemos que el Santo Padre, iluminado como está por el Espíritu Santo, lo comprenda algún día, abra la mano y permita casarse y practicar el sexo a los curas de occidente como se lo permite, por cierto, a los de la Iglesia Oriental, paradoja que se explica por razones de marketing antes que teológicas. Mientras tanto ocurrirá, se divulgue o no, lo que ha ocurrido siempre, que los refranes anticlericales harán actos de presencia, aludiendo a hechos sucedidos como el de fray Juan de Santa Ana de Alburquerque: “Tanta gente de bonete ¿Dónde mete? Porque dejar de meter no puede ser.”

Saquen sus propias conclusiones.

[1] Archivo Histórico Nacional. Sección Inquisición de Llerena. Legajo 1988, n 53. relación de causas 1598.

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