Educar para el éxito emocional

Educar para el éxito emocional

La escuela es uno de tantos otros lugares donde tomamos contacto con el conocimiento almacenado por el ser humano a lo largo de la historia. Durante nuestra juventud las horas lectivas ocupan gran parte de nuestras agendas vitales. Es por esto que la enseñanza ejerce un papel clave en nuestra sociedad. Desde la escuela se modelan las nuevas generaciones de hombres y mujeres que determinarán el futuro de nuestra especie. Sin embargo la educación emocional sigue relegada a un papel secundario o invisible en el actual sistema docente. El objetivo al que apuntan las escuelas es, en gran medida, formar sujetos competitivos que garanticen el progreso económico del país. No obstante, este progreso económico no viene de la mano de un progreso en el conocimiento personal, lo que significa un retraso alarmante en el desarrollo de nuestra autoconciencia. Somos poco diestros en la gestión de nuestros impulsos y agitaciones internas. Una muestra clara de ello es el alto porcentaje de personas que sufren trastornos de ansiedad y depresión en el mundo. El acoso escolar, cuyas causas suelen originarse en el ambiente familiar del acosador, se ha normalizado. La violencia doméstica sigue siendo uno de los mayores problemas de salud social. La baja autoestima conduce, entre otras enfermedades, al padecimiento de trastornos alimenticios como la anorexia y la bulimia, una de las causas principales de muerte en las adolescentes. La adicción a las drogas suele producirse en un intento de evasión de situaciones conflictivas o estresantes en las que nos sentimos atrapados.

[blockquote style=”4″]La violencia doméstica sigue siendo uno de los mayores problemas de salud social.[/blockquote]

En su libro Inteligencia Emocional, el psicólogo y escritor Daniel Goleman abarca el problema del denominado analfabetismo emocional, o la incapacidad de lidiar con nuestras emociones. Según Goleman, el Coeficiente Intelectual de una persona no determina por sí solo las garantías de éxito escolar, sino que otros factores como la estabilidad familiar, o la desenvoltura en las relaciones sociales, son mucho más decisivos en su destino académico. El fracaso escolar suele achacarse a la pérdida de interés del alumno en su formación académica; no obstante, apenas se reconocen los errores del actual sistema educativo. La poderosa influencia que ejercen los docentes sobre los escolares pasa a menudo desapercibida. Una gran parte del profesorado se centra exclusivamente en la transmisión de conocimientos intelectuales, mientras que la educación en valores queda discriminada o fuera de las aulas. Algunos profesores defienden la idea de que su función como docentes no es la de educar ética y moralmente, ya que, según ellos, ésta es responsabilidad del tutor o tutores del alumno. Sin embargo, no tienen en cuenta que la educación y formación emocional de una persona no tiene límites temporales ni de espacio, ya que puede adquirirse desde cualquiera de las interacciones personales que experimenta a lo largo de su vida y en cualquier ámbito social.

[blockquote style=”4″]La poderosa influencia que ejercen los docentes sobre los escolares pasa a menudo desapercibida. [/blockquote]

No existe una única forma de enseñanza eficaz e idónea para todos los alumnos, ya que no todos tenemos las mismas inquietudes y necesidades. Algunas personas rememoran con nostalgia su época de estudiantes, pues consiguieron adaptarse a las exigencias académicas, pero son muchas las que recuerdan este período de sus vidas como una época de tedio y obligado cumplimiento del deber. Documentales como Enséñame pero bonito o La Educación Prohibida, nos muestran alternativas al sistema educativo vigente. Los alumnos pasan a formar parte de la dirección de su propia educación. Se crean estímulos que alientan a los estudiantes a seguir desarrollándose según la curiosidad que presenten en unas u otras materias, manteniendo así la motivación e ilusión por seguir aprendiendo y evolucionando como personas.

En definitiva, una escuela donde no sólo se fomente la búsqueda del éxito profesional, sino también y sobre todo el éxito de una sabia gestión de las emociones, impulsará la creación de sociedades menos competitivas y más cooperadoras entre sí, además de disminuir la hostilidad y la violencia en ellas.

Categorías: Sociedad
Etiquetas: Educación, Sociedad