El cuerpo externo

El cuerpo externo

La búsqueda de la aprobación externa no tiene límites de actuación. Ejerce una gran influencia sobre nuestras decisiones, desde las más banales hasta las más significativas. Esta búsqueda no es negativa, sino que se trata de un elemento más del aprendizaje humano, una forma de supervivencia. El problema aparece cuando esta búsqueda se convierte en un tic social. Algo estamos haciendo mal cuando incluso niñas menores de doce años se sienten inseguras sobre su aspecto físico. «¿Soy guapa o fea?» preguntan desde sus cuentas de Youtube a una ávida audiencia que responderá con comentarios crueles o, aún peor, bienintencionados: «No estás mal pero podrías mejorar tu imagen haciendo tal o cual cosa».

En la televisión siguen repitiéndose versiones del estadounidense Extreme Makeover, un programa de cambio de imagen en el que los feos se sometían a todo tipo de juegos quirúrgicos para conseguir el look de los guapos. En España se le llamó Cambio Radical, que dejó de emitirse en 2007 pocos meses después de su estreno, pero cuyo formato inspiraría futuros programas como el actual Cámbiame, de Telecinco. «Buscamos personas que desean cambiar por fuera para empezar a cambiar por dentro» es su manera de captar nuevos participantes.

En efecto, sentirse a gusto con nuestro aspecto físico es beneficioso para nuestra salud mental. ¿Pero qué vía tomar para alcanzar tal objetivo: a través del odio y desprecio hacia el cuerpo o mediante su amor y cuidado? Bajo mi punto de vista y experiencia, rechazar los hábitos perjudiciales para nuestra salud, en lugar de maldecir la respuesta natural del cuerpo a dichos hábitos, tiene más sentido y eficacia. Siempre obtendremos más beneficios personales y sociales amando nuestro cuerpo y el de los demás, no sólo por su atractivo sexual o erótico, sino también y sobre todo porque se trata del instrumento con que representamos la vida.

[blockquote style=”4″]Siempre obtendremos más beneficios personales y sociales amando nuestro cuerpo y el de los demás.[/blockquote]

En su libro The Beauty Myth (El mito de la belleza), Naomi Wolf sostiene que la industria de la belleza suma cifras millonarias debilitando la autoestima de las personas. Sin embargo, esta industria no es un ente malvado al que podamos descargar nuestra culpa, sino que es fruto de una elección colectiva. Es claro que los estímulos con que trata de seducirnos un sistema basado en el consumo sin límite, son cuanto menos atrayentes, pero aún tenemos en nuestro poder la manera de responder ante éstos. Una persona no consume sin ton ni son sólo porque viva en un determinado tipo de sociedad que le incite a ello, sino también por las cosas a las que elije dar prioridad en su vida.

No tenemos necesidad de ajustarnos a ningún prototipo ideal de belleza, sin embargo,parece complicado reconciliarse con la imagen reflejada en nuestros espejos. Es importante comprender e interiorizar que nuestro cuerpo nos pertenece única y exclusivamente a nosotros mismos, y que su continuo funcionamiento es un privilegio y un motivo de celebración.

[blockquote style=”4″]Parece complicado reconciliarse con la imagen reflejada en nuestros espejos.[/blockquote]

En definitiva, de la misma manera que nos hiere que un ser querido reciba comentarios ofensivos, así debería afectarnos despotricar contra nuestro propio cuerpo. Cuanto más nos desestimamos menor es la posibilidad de llegar a conocernos íntegramente. Y esa posibilidad sí que es seductora.

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