Don Ángel, el cura

Don Ángel, el cura

Hoy queremos retomar una de nuestras secciones más personales. Una sección en la que hablamos de la gente de Alburquerque, nada más y nada menos. Personas que se han ganado a pulso un reconocimiento público por su labor profesional en pro de la localidad. Personas a las que nos acercamos de forma especial para que ustedes conozcan lo que se esconde detrás de lo que se ve; su esencia. Todo el mundo conoce a este gran hombre. Podríamos escribir cientos de frases acerca de sus bondades aunque lo mejor es que nos adentremos en su historia. Hoy hablamos con un hombre “como Dios manda”, nunca mejor dicho. Hablamos con Don Ángel Solano, el párroco emérito de Alburquerque.

— Buenos días Don Ángel. Muchas gracias por acceder a esta entrevista. Como usted bien sabe, la infancia es la patria del hombre. Nos gustaría que nos hablara de ella y de su etapa formativa.

—  Desde los años del 39 en adelante, mi infancia fue como la de todos los niños. Mis padres tenían fincas de arrendamiento en San Vicente de Alcántara, fincas grandes con mucho trabajo que hacer. Desde que tengo uso de razón, la escuela y el trabajo eran mi actividad cotidiana, el trabajo primero. Empecé la escuela a los 7 años. Primero fui a una escuela de pago hasta que pasé a la pública. Eran tiempos difíciles por las situaciones económicas que se pasaban pero no me puedo quejar de mi niñez con mi familia. Al paso del tiempo, mi padre tuvo que dejar la finca por enfermedad cardíaca y tuvimos que irnos al pueblo. Allí estuve trabajando en la industria del corcho mientras que lo compaginaba con labores de monaguillo. En junio de 1953 ingresé en el seminario de Coria donde estuve 4 años y dos más en Cáceres. En esos momentos, San Vicente entró a formar parte como diócesis de la provincia de Badajoz por lo que hice los últimos 6 años de formación en el seminario de Badajoz.

[blockquote style=”4″]Eran tiempos difíciles pero no me puedo quejar de mi niñez.[/blockquote]

— Tras la etapa formativa llega el momento de emprender el nuevo camino, el que le ha llevado hasta donde está hoy. ¿Cómo recuerda esos momentos?

En mi curso éramos 17 pero ninguno queríamos ser párrocos. Nuestro deseo era ser vicarios. Tuve suerte porque me nombraron vicario de mi pueblo, San Vicente de Alcántara. Fue algo que no me esperaba. No me lo podía esperar ni soñando. Allí estuve 9 años, hasta el 74. En este año marché a La Codosera, donde estuve 22 abriles. Fue una época de mucho ajetreo. Había que atender a muchas poblaciones pequeñas de la campiña. Además, coincidió con una etapa de mi madre en la que tuvo tres fracturas y tenía que atenderla. También tenía que compaginar mis labores parroquiales con las clases de religión en las escuelas.

— Sabemos que lleva a Alburquerque en un lugar especial de su corazón. ¿Cómo fue su llegada aquí? ¿Qué supuso para usted?

— Cuando falleció mi madre, me llamó el vicario y me dijo: “Hay que volar”. Cuál sería mi sorpresa cuando me habla de Alburquerque. ¡Cómo para echarse a temblar! Vine con cierto temor y responsabilidad porque era un pueblo grande para mí. Tomé posesión como párroco el 29 de septiembre de 1996.  El 7 de octubre de ese año me incorporé a todas las actividades. No dejé nada atrás. Mi primera labor fueron las clases en los colegios y después comencé con todas las actividades pastorales.Tuve mucha suerte porque toda la gente que trabajaba con el anterior párroco me acogió muy bien y la experiencia en San Vicente me sirvió para calmar un poco los nervios.

[blockquote style=”4″]Vine con cierto temor y responsabilidad.[/blockquote]

140716-don-angel-cura-4

— Ha llovido mucho desde aquel 29 de septiembre. ¿Cómo ha cambiado la vida religiosa a lo largo de estos años?

—  La asistencia dominical a las eucaristías era mucho mayor en aquella época. Había más participación. Hoy en día las eucaristías están bastante flojas. Mucha gente mayor ya no está entre nosotros y se nota mucho la ausencia de la juventud en la parroquia. En relación con la formación para la comunión, prácticamente sigue igual que hace décadas. En la confirmación también ha habido un descenso considerable de más del 50 por ciento. El nivel participativo en los actos de culto ha bajado mucho. Está en mínimos. La escasez de sacerdotes también se nota. Es de esperar una reacción ya que hay muchos medios para conocer la voz del Señor, que nos está diciendo que tenemos que espabilarnos un poquito. Debemos transmitir la fe y los bienes espirituales que hemos recibido de nuestros padres y abuelos.

[blockquote style=”4″]El nivel participativo en los actos de culto ha bajado mucho.[/blockquote]

— Tantos años en Alburquerque dan para muchos momentos relacionados con la actividad pastoral. ¿Con cuáles nos quedamos?

— Los momentos del sínodo fueron muy buenos para mí. En las catequesis del año 97 en adelante  había una asistencia permanente y asidua que se mantuvo durante cinco o seis años. Era una época muy bonita porque veías que la gente tenía interés. Otro grato recuerdo fueron las misiones del año 99 con una participación de toda la parroquia. El pueblo se volcó en masa durante ese año, acudiendo a todos los actos de culto. Fueron unos momentos de los que todos guardamos muy buenos recuerdos. También destacaría la Semana Santa, que cada año es distinta. Siempre hay novedades. En la Semana Santa se ve el interés y entusiasmo de las cofradías y hermandades para que cada vez luzcan más todos los actos. También hay actos muy especiales como las comuniones y las confirmaciones, en las que las catequistas ponen toda la carne en el asador. En este sentido falta apoyo y colaboración familiar para dar continuidad a los sacramentos. Muchos jóvenes, cuando hacen la comunión, “si te he visto no me acuerdo”. No hay que alejarse de estos sacramentos una vez que se toman. Los jóvenes deben ser portadores y testigos de la fe, que debe traducirse en obras. No solo basta el “yo creo”.

[blockquote style=”4″]Muchos jóvenes, cuando hacen la comunión, “si te he visto no me acuerdo”.[/blockquote]

Don ángel cura alburquerque

— Tras haber convivido tantos años con los alburquerqueños, ¿Qué puede decirnos de su forma de ser?

—  Desde mi punto de vista son acogedores, afables y de carácter abierto. Atentos a las necesidades que puede haber dentro y fuera. La parroquia atiende a estas necesidades con la colaboración del pueblo, porque al fin y al cabo, la parroquia es el pueblo. En este sentido, Cáritas cumple una labor especial. Alburquerque es un pueblo trabajador que se sabe buscar las habichuelas.  Es un pueblo que no cierra los ojos ante las necesidades del prójimo.

— Su nombramiento como hijo adoptivo de Alburquerque fue uno de los actos más emotivos para muchos vecinos y también para usted. ¿Cómo vivió ese día?

— Ese día le dije al alcalde Don Ángel Vadillo que “era un atraco”(risas). Yo no podía esperar eso. Creo que yo no merecía tanto. Fue un acto muy emotivo en el que sin querer pasan por tu mente mucha gente que ha formado parte de tu vida, tus padres, amigos, colaboradores… Aquella noche había mucha gente en el salón. Muchos compañeros sacerdotes. Es algo que te emociona mucho. El momento en el que se va acercando el alcalde con la insignia del Ayuntamiento fue algo muy especial que recordaré siempre.

— Sabemos que usted se mantiene muy vinculado a la vida pastoral tras su jubilación. ¿Cómo es su rutina diaria?

— Tras mi jubilación en agosto del 2104, hablé con Don Antonio Acedo, el actual párroco. Dado que tiene que atender a Alburquerque y La Codosera, le pareció bien que me quedara para ayudarle. En estos momentos, hago lo que me manden. Aunque tengo carta abierta por su parte para muchos asuntos, no quiero tomarme ninguna atribución. Las decisiones las toma él y yo colaboro en todo lo que él disponga. Estoy abierto y disponible en todo lo que haga falta.

— Para finalizar, nos gustaría que lanzara un deseo para Alburquerque y para todos los que ahora le están leyendo.

—  Creo que todos estamos un poco materializados. El hombre no solo es materia, también es espíritu. Hay bienes que no podemos perder de vista, como la convivencia, amistad, familia y fe. Se está perdiendo el valor de la familia y el de la parroquia. Damos la impresión de que el cura es el que hace y deshace y eso no es así. La parroquia hay que sacarla adelante entre todos. Hay que cuidar y mimar a la juventud para que comience a interesarse por estos valores desde el principio.

[blockquote style=”4″]Creo que todos estamos un poco materializados. [/blockquote]

Don ángel cura alburquerque

Categorías: Gente
Etiquetas: Entrevista