Lehendakaris, por José Cárceles

Lehendakaris, por José Cárceles

Esta rima va dirigida a los que rigen los pueblos con una actitud tendenciosa, que valora la riqueza exterior, anulando así su riqueza interior, y a los que, con una visión miope de la vida, los siguen como corderos.

“Lehendakaris, Honorables,

cabezas asimilables

¡Por Dios! ¿Qué me estáis haciendo?

Estáis convirtiendo en hachas

las haches que os han puesto.

Con ellas estáis cortando

la convivencia, el encuentro,

separando lo que unido

está por su nacimiento.

Que no hay fronteras, banderas,

ni hay un ombligo perfecto

para mirarse en su espejo

cual narcisos y coquetos.

Más no es un juego de niños

sino bastante insensato

pues pretendéis que se enfrenten

los que se llaman opuestos,

los que conforman la vida

dentro de un orden correcto

pues enriquece esa vida

diverso razonamiento.

Más la empobrece al instante

usar ajusticiamiento

sonoro o de guante blanco,

que aunque distintos supuestos

el efecto de los dos

es destrozar los cimientos

de concordia, entendimiento

que nuestra Constitución

tenía en parte resueltos.

El sueño de trasnochados

y desfasados a un tiempo

os ha de traer desgracias

y desventajas sin cuento,

pues desparramáis semillas

de rencor y enfrentamiento

que como muy malas hierbas

crecerán en vuestro huerto

y jamás extinguiréis.

Que el origen del entuerto

no achaquéis a los demás,

puesto que está en vuestro adentro.

Insolidarios, avaros

codiciosos, picapleitos

más os vale el ir pensado

que para dejar resuelto

este tema, es necesario

cultivar con gran esmero

esas semillas que luego

nos den cosecha abundante

de amor, de paz, de sosiego,

de aceptación y cordura.

No sigáis en el empeño,

no caigáis en la locura

no cercenéis lo que es bueno

para que crezca en altura

dejadnos vivir cual somos:

Magníficas criaturas,

no nos llenéis de cadenas,

no nos pongáis ligaduras,

pues toda persona crece

solo libre de ataduras.”

Felicito a todas aquellas catalanas y aquellos catalanes que, con la sensatez necesaria, se quedan al margen del ofrecimiento de la seductora idea de ser más que los demás.

José Cárceles Garralón

Categorías: Colaboradores