Tan duro como un pastor

Tan duro como un pastor

La tormenta rugía. El agua caía con furia y el viento soplaba con fuerza del norte, asustando al ganado, que se revolvía inquieto. El cielo resplandecía en el oeste y el eco de los truenos reverberaba en la tierra mojada. El pastor estaba acurrucado junto al poste, de no mas de un metro que apenas le resguardaba de un agua que una vez más, caló sus huesos.

–Desgraciado el que se halle desamparado– dijo sonriendo al temporal.

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