Demasiado tarde

Demasiado tarde

Comprendí demasiado tarde cómo llevarle, cómo tratarle. Comprendí demasiado tarde que no valía de nada la imposición ni la sumisión ni la ignorancia, que mi inteligencia era superior y que con eso bastaba. Pero comprendí demasiado tarde cómo llevarle por el buen camino guiándole sutilmente sólo con palabras, ni más altas ni más bajas, sólo palabras hasta que el lobo se amansaba y yo me quitaba la piel de cordero para ponerme la de cordura.
Pero ya fue tarde. Las tormentas ocurrieron y dejaron su rastro. Los años pasaron y los sedimentos quedaron y el hilo, ya finísimo estaba a merced de cualquier brisa, dispuesto a romperse y que todo estallara por comprenderlo demasiado tarde.

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