Te contaré aquella batalla

Te contaré aquella batalla

Te contaré aquella batalla. Mejor aún, te haré un resumen de ella, pues los matices ahora se me escapan y sus detalles eran ricos, y es difícil plasmar algo de forma exacta con la distancia de los años de por medio.

Sé que yo defendía una postura que solo compartía yo, y es la siguiente: no hay música peor ni mejor, sino música que conmueve tu alma y música que no. Y mis enemigos fueron rápidos, y sacaron artillería pesada en forma de clásicos: que si Vivaldi, que si Mozart, que si Beethoven. Disparaban con tanques a un pobre hombre que solo esgrimía un palo (recubierto con toda la razón del mundo, eso sí). Y la razón combinada con un palo es arma poderosa, y sus disparos no me herían y yo contraatacaba: “Díselo a las tribus africanas”,  decía “Díselo a esa gente que entra en trance, que roza el éxtasis con la percusión de tambores, que se desangra los pies pateando el suelo, que deja sus ojos en blanco al son de ritmos que estremecen hasta el último ápice de su ser. ¡Háblales de Vivaldi a esas criaturas!”.

Y empezó de nuevo el estruendo de las bombas: “que si la música de los clásicos era arte, que es mucho más compleja y cuesta más componer una partitura que aporrear un tambor, que si…” Y yo danzando entre sus balas, los seguía desafiando: “¡No hablo de complejidad, hablo de la subjetividad que va ligada siempre a todas las cosas que atañen al alma. Podéis seguir disparando, que no me vais a vencer!”. Y mi risa y mi baile los atormentaba porque no comprenderían por qué reía, por qué no me derrumbaba.

Y seguía haciendo fintas, y saltaba y hacía cabriolas mientras los cráteres se abrían a mi alrededor y mi risa retumbaba en sus cabezas como un tormento hasta que al final se terminaron cansando, se terminaron sus balas y yo acabé triunfante, pues la razón, la música y yo éramos aliados.

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Etiquetas: Literatura, Música