Las enfermeras Encarna Nieto y Guadalupe Palacios se despiden de Alburquerque con una emotiva carta

Las enfermeras Encarna Nieto y Guadalupe Palacios se despiden de Alburquerque con una emotiva carta

Han desempeñado una labor ejemplar en el centro de salud de Alburquerque durante multitud de años. Ahora, las enfermeras Encarna Nieto y Guadalupe Palacios culminan su estancia aquí y han querido despedirse de Alburquerque y de sus gentes a través de esta carta, que nos hacían llegar y que podéis leer abajo. Desde este medio le deseamos mucha suerte en su nueva andadura.

Ser enfermera es la mejor profesión, la más bonita del mundo mundial, y ser enfermera de pueblo o enfermera rural como se dice ahora es toda una experiencia de vida. Te da la oportunidad de trabajar con la familia; conoces a los hijos, los padres, los abuelos, los tíos, los primos, etc…acompañándoles en todas las etapas de la vida; ves nacer, crecer, casarse, procrear, enfermar y morir a muchas personas. Esto te prepara para tu propia vida, porque aprendes que hay momentos buenos y momentos malos, que hay momentos de salud y momentos de enfermedad y tanto unos como otros forman parte de ti. Te enseñan a valorar los momentos buenos y a saber que los momentos malos y de enfermedad también llegarán y que hay que afrontarlos y superarlos. Que la vida y la persona es tan válida en los momentos de salud como en los momentos de enfermedad y de discapacidad. Alburquerque ha sido para nosotras una experiencia de vida, forma parte de nuestra historia personal. No solo ha sido pinchar, curar, poner vendajes… también ha sido cuidar, escuchar, comprender, aconsejar, acordar. Entre vendaje y vendaje entrelazábamos nuestra vidas; entre cura y cura nuestros corazones se unían, entre inyección e inyección una parte nuestra se insertaba en vosotros y viceversa. El entorno de Alburquerque también nos ha dado muy buenos momentos y sensaciones. Ir a sacar sangre al barrio medieval en invierno con un fío helador a las ocho y media de la mañana tenía la gran recompensa de ver amanecer en un marco incomparable; el silencio tan apacible de la calle Cárcel con la vista del castillo por un lado y el resto del pueblo por el otro, no tiene precio. Salir a hacer avisos a domicilio andando (cuando podíamos) era recorrer la historia de sus calles y sus gentes. Podríamos escribir muchas más experiencias y sensaciones que a lo largo de estos años hemos tenido. Esto solo es una pequeña manera de daros las gracias.

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS Y MILES DE GRACIAS al pueblo de Albuquerque y a sus gentes.

Guadalupe y Encarna,

Enfermeras del Centro de Salud de Alburquerque.

Categorías: Local
Etiquetas: Salud