Se paran las manifestaciones entre lágrimas y aplausos, hasta nuevo aviso

Se paran las manifestaciones entre lágrimas y aplausos, hasta nuevo aviso

El grupo de trabajadores afectados se han despedido de las concentraciones que cada noche de viernes se producían en la plaza, hasta un próximo llamamiento.

Más de 30 concentraciones y cerca de 35 manifiestos han sido los que se han leído durante casi 9 meses en la plaza de Alburquerque. Unos manifiestos que, según Agustín Fuentes, trabajador afectado, «están repletos de información veraz, llenos de desesperación, de tristeza, y de rabia contenida. Pero también llenos de ilusiones, de ganas de seguir adelante, de esperanza en un futuro mejor».

Los trabajadores acudían al lugar de encuentro en esta ocasión con nuevos carteles en los que podía leerse «Todos somos Esther», en referencia a una de las afectadas que, tal y como afirma Fuentes, «ha sido desalojada de su oficina, le han quitado el trabajo que venía desarrollando hasta ahora sin ninguna explicación… Esta acción viene provocada porque ha estado de baja médica, solo por eso». Tras sus palabras, los vecinos iniciaron una larga y sentida ovación en agradecimiento y apoyo a esta trabajadora.

Más de 100 días concentrados frente a las puertas del Ayuntamiento para reivindicar el cobro de los salarios adeudados, en los que los trabajadores «hemos pedido a los gobernantes que se nos cuente la verdad de la situación, (…) Pero también hemos tratado que el mensaje llegará a nuestros vecinos, para que todos formarán parte de esta lucha por recobrar la dignidad de un pueblo, para que nuestras calles, parques y jardines recuperen todo su esplendor».

Las concentraciones cesan hasta nuevo aviso, «una decisión dura, difícil y muy dolorosa, (…) Es tiempo de que Alburquerque despierte, de que sus vecinos tomen las riendas de su destino», aseguró Fuentes, que además añadió que «hemos intentado buscar el compromiso de nuestros vecinos, nos hemos dejado la piel y casi la salud, pero no hemos conseguido ese seguimiento que hubiese hecho que el cambio se produjese con mayor prontitud, con menor desgaste y sufrimiento para todos».

Pepa Bozas fue la siguiente en alzar su voz en la plaza, tras dos meses sin hacerlo: «Estoy triste, enfadada, cansada… Es duro ver tanta injusticia. (…) Alburquerque vive una crisis como resultado de una mala gestión política, económica, moral y ética, de muchos años en los que no pensamos y nos dejamos llevar por la inercia y los intereses personales». Así mismo añadió que «el pasado no lo podemos cambiar, pero sí podemos cambiar el presente y el futuro. (…) Dejemos que la Junta de Extremadura comience a reconstruir Alburquerque, es la única que puede».

Tras sus palabras, los trabajadores aplaudieron a los vecinos asistentes en agradecimiento por todo el apoyo recibido, despidiéndose así, por el momento, de las concentraciones ante los impagos del Ayuntamiento de Alburquerque.

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Etiquetas: Sociedad, Trabajo